sábado, 3 de agosto de 2013

Estar en medio





"Cuando lloras por las veces que intentaste
y tratas de olvidar las lágrimas que lloraste
solo tienes pena y tristeza 
el futuro incierto esperas
puedes tener paz en la tormenta..."

Ahora comprendo mi estado actual, así me siento. Como si estuviera en medio de un puente y no sé para donde caminar. Atrás de mi hay un pasado tormentoso, al frente no hay nada y me da miedo. A mis costados sólo hay vacío. Me siento como frenada, sin saber qué camino tomar. 

Estoy en calma pero con cierta angustia de no saber qué viene, efectivamente siento un vacío en mi corazón que no me sé explicar. Mi mano sigue suelta, vacía, no tengo de quien tomarme para caminar segura y eso me da ansiedad. 

Tengo que aprender a vivir así, sin la seguridad de una pareja, sin esa compañía. Sin tener esa esperanza, ese refuerzo. Me siento sola, no lo niego... más sola que nunca.

Hay en mi corazón serenidad, pero una tristeza que no puedo definir. Volvieron las lágrimas y el nudo en la garganta. Hoy vi apenas esta lectura de ayer del programa y me hizo reflexionar que igual que todo en la vida, este estado también será temporal.

Tendré paciencia y me abrazaré con uñas y dientes a la Oración de la Serenidad para mantenerme tranquila. Los días pasan pronto. Dios traerá para mi una respuesta sobre sus planes, tengo que aprender a esperar a que se haga su voluntad. 

Extraño mucho a quien creí había empezado a sanar mi corazón y tuve que dejar ir, he pensado mucho también en mi ex esposo, en lo bueno que teníamos. 

Tengo miedo que mi mente me engañe y cometer un error. Me cuesta mucho frenar lo que pienso, lo que siento. Pero el programa me ha ayudado a analizarme mejor y a darme cuenta cuando algo no esta bien y a ser más fuerte.

Mientras suspiro profundo y seguiré con mi vida habitual.

Dios... dame Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar las que sí puedo... y Sabiduría para reconocer la diferencia. 

Hágase tu voluntad y no la mía.

Soy Paty, codependiente en recuperación.

LECTURA DE CODEPENDIENTES EN RECUPERACIÓN

Agosto 2

Estar en medio

A veces, para ir desde donde estamos hasta donde estamos yendo, tenemos que estar dispuestos a estar a la mitad.

Una de las partes más duras de la recuperación es el concepto de dejar ir lo que es viejo y familiar, pero que no queremos, y estar dispuestos a quedarnos con las manos vacías mientras esperamos a que Dios las llene.

Esto se puede aplicar a los sentimientos. Podemos haber estado llenos de ira y de dolor. En cierta forma, estos sentimientos se han vuelto confortablemente familiares. 

Cuando por fin encaramos nuestra pena y nos despojamos de ella, podemos sentirnos vacíos un tiempo. Estamos en medio del dolor y de la alegría de la serenidad y de la aceptación.

Estar en medio se puede aplicar a las relaciones. Para prepararnos para las nuevas, primero necesitamos dejar ir las viejas. Esto puede ser atemorizante. Podemos sentirnos vacíos y perdidos durante un tiempo. Podemos sentirnos completamente solos, preguntándonos en qué estamos mal por haber dejado ir el proverbial pájaro en mano, cuando aún no hay nada en el arbusto.

Estar en medio se puede aplicar a muchas áreas de la vida y de la recuperación. Podemos estar entre dos empleos, carreras, hogares o metas. Podemos estar entre dos conductas mientras dejamos ir las viejas y aun no estamos seguros con qué las remplazaremos. Eso se pude aplicar a conductas que nos han protegido y nos han servido bien toda nuestra vida, tales como cuidar excesivamente a los demás o ser controladores.

Podemos experimentar muchos sentimientos cuando estamos en medio: brotes de pena por lo que hemos perdido o hemos dejado ir, y sentimientos de ansiedad, miedo y aprensión acerca de lo que viene. Estos son sentimientos normales cuando se está en medio. Acéptalos. Siéntelos. Libéralos.

Estar en medio no es divertido, pero es necesario. No durará para siempre. Podemos sentirnos como si estuviéramos parados, quietos, pero no es así. Estamos parados en un lugar que ésta en medio. Así es como llegamos desde aquí hasta allá. Este estado no es el destino final. Estamos yendo hacia delante, aunque ahora estemos en medio.

Hoy aceptaré el sitio en donde estoy como el lugar ideal para mí. Si estoy en medio lucharé por tener la fe en que este lugar no carece de un propósito y de que me está llevando hacia algo bueno.

miércoles, 31 de julio de 2013

Dejemos ir lo que queremos



LECTURA DEL DÍA 
CODEPENDIENTES ANÓNIMOS

Julio 31

Dejemos ir lo que queremos

Para aquellos de nosotros que hemos sobrevivido controlando y sometiéndonos, dejar ir puede no resultar fácil.

Más allá de la codependencia.

En la recuperación aprendemos que es importante identificar lo que queremos y necesitamos. ¿Con qué nos deja este concepto? Con un paquete grande pero claramente identificado de deseos y necesidades que actualmente no están satisfechos. 

Nos hemos arriesgado a dejar de negar y a empezar a aceptar lo que queremos y necesitamos. 

El problema es que ahí están, insatisfechos, los deseos y necesidades. Esta posición puede ser frustrante, dolorosa, enojosa y a veces, productora de obsesión.

Después de identificar nuestras necesidades hay un siguiente paso a seguir para satisfacer nuestros deseos y necesidades. 

Este paso es una de las ironías de la recuperación... El siguiente paso es dejar ir nuestros deseos y necesidades después de que hemos seguido pasos concienzudos para identificarlos.

Los dejamos ir, renunciamos a ellos, a nivel mental, emocional, espiritual y físico. A veces, esto significa que necesitamos renunciar. No siempre es fácil llegar a este lugar, pero generalmente es a donde necesitamos llegar.

Con qué frecuencia he negado un deseo o una necesidad, y luego he seguido los pasos para identificar mis necesidades, sólo para sentirme enojada, frustrada y desafiada porque no tengo lo que quiero y no sé como conseguirlo. 

Si entonces me embarco en un plan para controlar o influir en la consecución de ese deseo o necesidad, por lo general empeoro las cosas. Buscar, tratar de controlar el proceso, no funciona. He aprendido, para mi consternación, a dejarlos ir.

A veces tengo que llegar al punto de decir: "No lo quiero. Me doy cuenta de que es importante para mí, pero que no puedo controlar el hecho de obtenerlo en mi vida. Ahora, ya no me importa si lo tengo o no. Voy a ser absolutamente feliz sin eso y sin ninguna esperanza de conseguirlo, porque estar con la esperanza de conseguirlo, me está volviendo loca, cuanta más esperanza tengo de conseguirlo y trato de hacerlo más frustrada me siento porque no lo estoy consiguiendo". 

No sé por qué este proceso funciona de esta manera. Lo único que sé es cómo me funciona a mí. No he encontrado otra alternativa al proceso de dejar ir.

A menudo podemos obtener lo que deseamos y necesitamos, o algo mejor. Dejarlo ir es parte de lo que hacemos para conseguirlo.

Hoy lucharé por dejar ir esos deseos y necesidades que me están provocando frustración. Los pondré en mi lista de metas y luego lucharé por dejarlos ir. Confiaré en que Dios traerá a mí los deseos de mi corazón, en el tiempo que Dios quiera y a su manera.

Soy Paty, codependiente en recuperación.

jueves, 25 de julio de 2013

El hombre que quiero



"Ella me daba la mano 
y no hacía falta más. 
Me alcanzaba para sentir 
que era bien acogido. 
Más que besarla, 
más que acostarnos juntos, 
más que ninguna otra cosa, 
ella me daba la mano 
y eso era amor."


Mario Benedetti.

Dentro de mi programa de Codependientes en Recuperación he tenido que aprender que nadie puede estar por encima de la voluntad de nadie, que a los demás sólo podemos amarlos pero no manipularlos ni que vivan su vida acorde a la nuestra y en ese tenor he tenido que aprender a soltar, a dejar ir.

Aunque aún no tengo pareja, me he dado cuenta que cuando yo tomo a un hombre de la mano es porque confío en él. Porque me da seguridad, paz, serenidad, me siento acompañada y es una forma de decirle "aquí voy contigo", es compartir el camino, ir en la misma dirección.

En mi vida sólo he caminado de la mano de quien fue mi esposo, fue así desde que nos conocimos. Cuando él se marchó y empecé a andar siempre sola para todos lados sí extrañaba mucho eso, sentía ese vacío, esa necesidad de ir de la mano de alguien, ese refuerzo, esa compañía.

Eso y dormir acompañada fue de lo que más me costó superar luego de mi separación. Sin embargo, luego de varios meses de estar sola encontré una mano fuerte de la que me tomé y sentí de nuevo esa confianza, esa serenidad, esa seguridad que necesito para ir por la vida en completa paz... sin embargo, no era la mano correcta y afortunadamente la solté a tiempo.

Sí... lo acepto, sentir esa necesidad es un claro síntoma de mi dependencia emocional, se supone que no debería tenerla y trabajaré en ello, sin embargo creo que ahora puedo vivir sin eso, al principio era una ansiedad tremenda, simplemente ¡no sabía andar sola!

Un buen amigo me dijo hace tiempo que si un día decido volver a tener pareja, debe ser con un hombre emocionalmente sano... pero no conozco a nadie así.

Entonces me pregunto: ¿existe la gente emocionalmente sana? ¿cómo son? ¿son comunes? ¿los bichos raros somos nosotros los "malitos de la mente" o ellos los "sanos del corazón"?

Yo creo que todos en esta vida hemos estado expuestos al dolor, todos tenemos cicatrices en el alma. Todos somos consecuencia o resultado de una serie de situaciones de vida, desde mi punto de vista no hay seres humanos, de verdad humanos... con el corazón intacto.

Creo que el hombre con el que viví 11 años era así intacto, aparentemente sin sufrimientos, todo parecía importarle lo mismo que un soberano cacahuate, siempre inerte ante todo. Nada lo perturbaba. Ni para bien, ni para mal. No le veía emociones, ni risa... ni llanto. Ni acción ni pasión. 

Lo único que lo movía al 100 por ciento era el juego al que era adicto, ahí sí todas sus emociones se ponían al máximo. La adrenalina lo hacía experimentar, angustia, emoción, gusto, euforia, coraje, indignación, placer. Sólo en ese entorno, fuera de eso era un hombre gris que a todo decía: "como quieras... me da igual". 

Era su eterna respuesta a las preguntas de "¿qué te gustaría comer? ¿a dónde quieres ir? ¿qué hacemos en el descanso? ¿qué te gusta?, etc." No le veía ni molestia, ni disfrute en nada y eso duele... cansa, porque me dejaba todas las decisiones a mí.

Las situaciones de la vida cotidiana parecían no hacer mella en él. Cuando yo estuve enferma mil veces, él se iba a jugar de todos modos. Con cualquier pretexto me dejaba sola y se salía aunque yo estuviera inmóvil en casa o internada en el hospital. 

Esa era su fórmula infalible para no pensar, para no sufrir, para no tomar decisiones, para no tener acción en nada... el juego era una forma de evadirlo todo. 

Por lo tanto su corazón parecía estar intacto de sufrimientos. Hasta antes de que yo le planteara el divorcio él se mostraba impávido ante la vida, siempre sereno, siempre fresco, confiado.

No obstante cuando vio que la decisión era en serio el mundo se le vino encima y entonces sí lo vi llorar atormentado, lo vi suplicar, lo vi arrodillarse pidiendo perdón, lo vi prometer, correr tras de mi, lo vi de verdad sufrir al verlo todo perdido.

No era por perderme a mí, sino el confort que le representaba mi presencia. Yo lo mantenía y resolvía todos los problemas mientras él seguía su alegre vida de juego, evadiendo todo y siempre de buenas con su "corazón sano".

Yo no quiero más un hombre así, que va por la vida sacándole la vuelta al dolor, al sufrimiento, a la responsabilidad, a las batallas diarias... un hombre así es un cobarde.

Ahora me pregunto a mí misma, ¿cómo es el hombre que quiero?

Suspiro profundo y me respondo con sinceridad. 

El hombre que yo quiero no tiene el corazón intacto. Su alma, al igual que la mía tiene cicatrices... quizá aún heridas sangrando. Pero no tiene miedo a contender de nuevo, una y mil veces.

El hombre que yo quiero no es un cobarde, es un guerrero. Es un hombre que comprende mi dolor. Que al conocer mi historia no me tiene lástima ni se burla de mi, que al conocer mis vivencias no las usa como armas para juzgarme ni para hacerme sentir mal, para criticarme o explicarse mi presunta "locura".

Mi historia le sirve para valorarme, para darse cuenta de que a pesar de todos los fracasos, tropiezos, sin sabores que me han tocado vivir aquí estoy... de pie, sin miedo, peleando por una vida mejor.

Ve más allá de mis defectos. No me pone en la frente la etiqueta de "enferma". Se toma el tiempo para ver más que mi dolor mis virtudes, más que mi cerebro o mi inteligencia se enamora de mi corazón, de mis emociones. 

No piensa de ninguna manera en estar conmigo por conveniencia... sino porque le intereso yo, mi persona.

El hombre que yo quiero se deja conmover con mi dolor, se deja acariciar por mi ternura, sabe cuándo darme un abrazo y cuando sacudirme para que no me venza y siga adelante.

El hombre que yo quiero toma mi mano sin que yo se lo pida y no me suelta. Me lleva por la calle y por todos lados con orgullo, porque sabe lo que tiene al lado. Por ningún motivo se avergüenza de mi, asume estar conmigo a pesar de lo que sea.

El hombre que yo quiero sabe aconsejarme sin lastimarme, motivarme sin exigirme, corregirme sin humillarme, amarme sin imponerse, corresponde a mi pasión sin medidas. 

Sabe que el amor no tiene horarios, que la noche es aún parte del día y que la cama no sólo es para descansar.

El hombre que yo quiero sabe que un beso en los labios no es un invento de las telenovelas o el cine, sabe que es la máxima expresión de amor universal entre una pareja y que como dijo Mario Benedetti, yo sí aprecio "ese viejo beso artesanal que desde siempre comunica tanto" y lo disfruta y valora tanto como yo.

El hombre que yo quiero es disciplinado consigo mismo pero me deja que yo me imponga mis propias reglas y me respeta. Me ayuda si se lo pido y me deja sola si sabe que lo necesito. 

Me deja ser yo, tomar mis propias decisiones. Confía en mi inteligencia, en mi buen juicio, en mi experiencia, en mi madurez y me deja experimentar, equivocarme, corregir y volver a intentar.

El hombre que quiero me deja contender, me deja batallar, si me ve sufrir sufre a mi lado, le duele mi dolor pero está ahí, tomado de mi mano dándome su fuerza y apoyo si es necesario.

El hombre que quiero me respeta por sobre todas las cosas y es incapaz de hacerme daño. Sabe que decirme te amo no es hacerme daño, sabe que una palabra de aliento nunca será un mal y conoce la alegría que me provoca un simple "buenos días", que mi mundo se trasforma cuando me dice "hermosa" y que no olvidar mi cumpleaños es esencial.

El hombre que quiero tiene una vida propia, trabaja en lo que ama y es autosuficiente, independiente, autónomo en sus decisiones, libre pero responsable con su libertad. Sabe controlarse y cuidar de sí mismo... y sobre todo sabe cuidar de mi. 

Es lo suficiente caballero y solvente como para pagar él solo la cuenta de lo que consumimos los dos y no abusa de ninguna manera del apoyo económico que yo pueda aportar por el bien de ambos.

Sabe hacerme sentir protegida sin hacerme sentir limitada. Sabe dejarme ir y dejarme ser, porque confía en mí en todos los sentidos.

El hombre que yo quiero es maduro, sencillo, sereno, sensato, capaz no de dar su vida por mí... pero sí de vivirla conmigo.

El hombre que yo quiero no está libre de heridas, sin embargo no se ha vencido, no deja de luchar, no tiene miedo a sufrir una y otra y otra vez y las que sean necesarias.

El hombre que yo quiero es agradecido, noble y se permite llorar. Expresa sus emociones sin miedo y se deja ayudar. Le importa mi opinión, valora mis ideas y las acepta si le sirven con tranquilidad, sin sentirse menos que yo, ni amenazado por mi inteligencia. 

Puede reír a carcajadas sin ninguna pena, puede abrazarme de pronto y besarme delante de quien sea, es espontáneo y seguro de sí mismo. Ama a Dios y tiene tanta o más fe que yo.

Quizá es mucho pedir, yo sólo soy una mujer cualquiera. Hay quien dice que soy una guerrera, por lo tanto quiero un guerrero para mi.

No para que seamos rivales y vivamos peleando uno contra el otro, sino para contender juntos, hacer equipo, ser aliados ante las batallas de la vida, no quiero un hombre intacto, emocionalmente "sano", quiero uno al que le corra sangre por las venas.

Con pasión por seguir, por vivir... que no se deje vencer por nada. 

Que no viva quejándose de todo y simplemente huyendo y alejándose por no sufrir, que no haga del silencio un arma ni del compromiso un enemigo.

Que no guarde rencores, que no hable mal de la gente, que no tenga resentimientos con nadie, que no le tema a las miradas, que no se vea en la necesidad de actuar o asumir un "papel" para expresarse, que no se esconda detrás de ninguna máscara para ser él mismo. 

Ahora sé lo que quiero y lo que no quiero. Quizá es un buen primer paso, mi corazón está sumamente herido, sin embargo yo no tengo miedo volver a amar.

Algún día la vida me hará justicia y traerá a alguien que cuente con todo esto y quizá más... porque yo a él le ofreceré exactamente lo mismo que espero de él, pero esta vez con verdadera dignidad.

No, no espero un hombre perfecto porque yo no lo soy, sólo quiero un hombre muy trabajador, valiente, solidario, íntegro, de buen corazón y aprenderé a disfrutar sus fortalezas y sobrellevar sus debilidades.

Que igual que yo no le tema a la vida y podamos adaptarnos y vivir así luchando, recorrer el camino juntos... de la mano.

Dicen que sí caminas solo caminarás más rápido, pero si lo haces de la mano de alguien... llegarás más lejos.

Sólo por hoy ese es mi deseo... ¿se vale soñar no?

Soy Paty, codependiente en recuperación.

P.D. Y si es profesionista, sano, sin vicios, de unos 40 años y más de 1.80 de estatura muuuucho mejor! jajajaja 



jueves, 18 de julio de 2013

La clave del amor




"Amarse a uno mismo es el principio 
de una historia de amor eterna". 
Oscar Wilde.

Sigo encontrando lecturas que me estremecen. Hoy alguien compartió esta reflexión del gran actor Charles Chaplin y se me abrió todo un panorama, empiezo a comprender y a aceptar que el amor propio es la llave que abre muchas puertas, que hace que se aclaren muchas situaciones. 

Todo parte de ahí, justamente de aprender primero a amarse uno mismo para poder amar a los demás.


CUANDO ME AMÉ DE VERDAD (Charles Chaplin)

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme..
Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades.
Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento.
Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada.
Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud.
Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo.
Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces.
Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez.
Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada.
Y esto es… ¡saber vivir!

martes, 16 de julio de 2013

'Esto es vida'



Hoy ha sido un día lluvioso. Triste, desde temprano era un día gris con una brisa tibia que inundaba todo el ambiente que anunciaba una lluvia que no ha cesado en horas. Y recién me entero que hoy falleció una dama. No la conocí, lamentablemente. Pero sé que personas que yo admiro y quiero mucho sí tuvieron esa oportunidad han platicado y escrito cosas maravillosas sobre la experiencia de haberla tratado, del paso por sus vidas. 

Su nombre es Mayela Sánchez Fuentes. Y hoy ella se ha marchado luego de una lucha muy dura contra el cáncer. Al visitar por curiosidad el muro de su red social, vi esta foto y me quedé impresionada de la felicidad que emana este abrazo entre madre e hija. 

Leí un poco de los mensajes para los suyos, donde les daba consuelo, donde siempre albergó esperanza. Hoy ella dejó este mundo. Y acompañando a esta foto estaba este texto que sinceramente me estremeció y me sacó lágrimas.

Me deja ver una mujer fuerte, maravillosa de corazón. En mi vida han pasado muchas cosas. También tuve que librar una batalla similar a la suya pero yo aquí estoy. Dios me dio la oportunidad de enterarme a tiempo y salvar mi vida.

He tenido tantos tropiezos, sin embargo hoy como nunca valoro el estar aquí respirando, haciendo lo que cada día descubro es lo que más amo hacer... escribir, expresarme a través de las letras. 

Yo sobreviví y aquí estoy... viva para contarlo.

Mayela se ha ido, pero su mensaje me dejó una lección de que nada me puede hacer parar, que mi lucha por mi recuperación emocional debe continuar. Que cuidar mi salud debe ser una prioridad, vigilar que esa pesadilla no vuelva es lo más importante.

Vivir cada día como si fuera el último. Sólo por hoy quiero vivir al máximo. Sin pensar a futuro. Quiero vivir los días así, uno a la vez. Los que Dios me quiera conceder, quiero llenarlos poco a poco de paz, de amor para mí, para los que amo.

Gracias Mayela por vivir, porque aunque jamás crucé palabra contigo, jamás toqué tus manos, ni te vi en persona hoy tocaste lo más profundo de mi corazón y me haces valorar mi vida más que nunca.

Dios te bendiga siempre y a tu familia un abrazo eterno.

El texto que Mayela escribió junto a esta fotografía dice así: 

'Esto es vida'

Hay procesos que simplemente no pueden ser detenidos, son procesos que deben ocurrir y que en alguna forma marcarán diferencia.

Eso es vida, no, no es el conjunto de hechos que conforman tu existencia... ¡NO!

Vida es el instante en que te sentiste culpable por un error, vida es el momento en que sentiste ese miedo tan bonito en el estómago, al borde del pánico rodeado de adrenalina, v...ida es la imagen que te guardas en la memoria de aquella vez que reíste a carcajadas consiente de que sonreír es totalmente gratis y cuando comprendiste que abusar de esta libertad no es mal visto.

Esto es vida, no tener idea de tu futuro y vivir feliz con ello, pues todo ser humano se fascina con sorpresas; vida es crear lo nunca creado...

Esto es vivir... llenar los pulmones de recuerdos y ansias por seguir viviendo; vida es anhelar saber qué sigue en el siguiente capítulo de tu historia; vida es no olvidar ser espontáneos.

Vida es detalle por detalle hasta llegar aquí...

Autora: Mayela Sánchez Fuentes... desde hoy, descansa en Paz.

Soy Paty, codependiente en recuperación.

jueves, 11 de julio de 2013

Empieza por ti



PSICOLOGA EMOCIONAL
Ciara Molina

EMPIEZA POR TI MISMO

Las siguientes palabras están inscritas en la tumba de un obispo (1100 d.c.) en la cripta de la abadía de Westminster:

Cuando yo era joven y libre y mi imaginación no conocía límites, soñaba con cambiar el mundo. A medida que me fui haciendo mayor y más prudente, descubrí que el mundo no cambiaría, de modo que acorté un poco la visión y decidí cambiar solamente mi país. Pero eso también parecía inamovible.

Al llegar a mi madurez, en un último y desesperado intento, decidí avenirme a cambiar solamente a mi familia, a los seres que tenía más próximos, pero ¡ay!, tampoco ellos quisieron saber nada del asunto.

Y ahora que me encuentro en mi lecho de muerte, de pronto me doy cuenta: «Sólo con que hubiera empezado por cambiar yo mismo», con mi solo ejemplo habría cambiado
a mi familia.

Y entonces, movido por la inspiración y el estímulo que ellos me ofrecían, habría sido capaz de mejorar mi país y quién sabe si incluso no hubiera podido cambiar el mundo.

ANÓNIMO

miércoles, 10 de julio de 2013

Aprender a volar




Aprender a Volar
Letra: Patricia Sosa
Cantante argentina


Duro es el camino y sé que no es fácil 
no sé si habrá tiempo para descansar 
en esta aventura de amor y coraje 
sólo hay que cerrar los ojos y echarse a volar. 

Y cuando el corazón galope fuerte, 
déjalo salir 
no existe la razón que venza la pasión, 
las ganas de reír.

Puedes creer, puedes soñar... 
abre tus alas, aquí esta tu libertad 
y no pierdas tiempo, escucha al viento 
canta por lo que vendrá... 
no es tan difícil que aprendas a volar. 

No pierdas la fe, no pierdas la calma 
aunque a veces este mundo no pide perdón 
grita aunque te duela, llora si hace falta 
limpia las heridas que cura el amor. 

Y cuando el corazón galope fuerte, 
déjalo salir 
no existe la razón que venza la pasión, 
las ganas de reír.

Puedes creer, puedes soñar... 
abre tus alas aquí está tu libertad...
Y no pierdas tiempo no apures el tiempo
no es tan difícil que aprendas a volar.

Y no apures el camino, 
al fin todo llegará 
cada luz, cada mañana, 
todo espera en su lugar 

Puedes creer, puedes soñar...