miércoles, 26 de agosto de 2015

¿Amor falso o falso amor?


"No existe el amor, sino las pruebas de amor y la prueba de amor a aquel que amamos es dejarlo vivir libremente".

 

Y bien... cuando pensaba que ya tenía seco el corazón de pronto, así de la nada volvió a latir con una fuerza inusitada. Un hecho que la verdad aún no sé si es una buena noticia.

Meses despúes de mi divorcio, en una etapa en la que me sentía un tanto perdida, alguien de mi grupo de CODE me recomendó abrir un perfil en un sitio de esos donde conoces gente por internet para hacer amigos o amores.

No estaba muy convencida pero su argumento me pareció interesante. Me dijo que al hablar con extraños me permitiría irme conociendo a mí misma, no entendí cómo pero lo hice.

Y la respuesta la fueron dando los días. Al ir conociendo personas y charlando con extraños, todos me hacían preguntas y al responder me daba cuenta que yo ya no me conocía, fui recordando poco a poco qué me gustaba a mi, qué quería yo, cuales eran mis preferencias en muchos sentidos.

Esta dinámica me hizo perder el miedo y poco a poco me animé y fui conociendo en persona a diferentes "prospectos", hice muchos amigos pero no me sentía con la seguridad de dar un paso más.

Pasaron los meses y una tarde un usuario que vive a más de 800 kilómetros de distancia me dijo: "Hola" y ese día una luz se encendió.

Con el paso de los días se dio de pronto una charla que pasó de diplomacia y camaradería a una conversación profunda, madura, serena y agradable.

Hablar con él fue de pronto un refugio, un alivio, un momento especial día con día. La conexión se dio sin pretenderlo, desde el primer día sabíamos que incluso para ser amigos esto sería muy complicado, sin embargo el paso ya estaba dado y nos habíamos ganchado.

Pasaron meses y de pronto la charla amistosa se transformó, solo él... sola yo. Empezamos a planear el modo de vernos en persona, conocernos e iniciar una posible relación real. Así pasaron unos meses y nunca se dio.

El trabajo de ambos y compromisos diversos no permitían que coincidieran las fechas, así que el desencanto llegó. Fui yo la primera en un arranque de valor que dije NO y me alejé. 

En ese entonces habíamos dicho que construiríamos un puente, que nos esforzaríamos por acortar la distancia, por estar conectados de alguna forma. Pero sus ocupaciones lo rebasaron y él también se alejó.

Me dolió su ausencia pero semanas después conocí a otra persona de mi ciudad con la que salí unos meses, pero como relación no funcionó, me olvidé de ese amigo lejano que alguna vez tanto me gustó.

Meses después cuando me enteré que mi ex había contraído matrimonio con otra y yo de nuevo caí en un hoyo negro de confusión, una tarde estaba yo de nuevo en un momento crítico de ansiedad, en plena lucha a cachetadas con mi codependencia cuando otro "Hola" llegó.

Fue como si alguien me lanzara una cuerda a mi profundo y oscuro pozo y la tomé sin pensar. Me colgué de ese recurso para salir de ese inusitado dolor, de pronto fue como si algo me jalara con mucha, mucha fuerza a la luz y ésta... me cegó.

De pronto, ambos nos enrolamos en la intención de empezar de nuevo, de retomar desde el punto donde nos quedamos, y todo se dio de una forma increíble.

Encontré en ese hombre la madurez, apoyo, planes, proyectos, todo lo que anhelo en un hombre. Alguna vez escribí aquí una entrada titulada: "El hombre que quiero para mi", bueno pues era él!!! así tal cual, divorciado, poco mayor que yo, atractivo, altísimo, con dos hijos maravillosos, excelente padre, profesionista, empresario, trabajador... excesivamente trabajador.

Todo lo contrario a mi ex y a todos los que he conocido. Con el tiempo le hablé de mi CODE, le dije que estaba en recuperación, que estaba intentando ser yo misma y su respuesta fue que contara con él, que estaría ahí para comprenderme y ayudarme para que aprendiera a amarme a mi misma.

Con eso caí finalmente a sus pies y me enamoré. Mi corazón brincaba de gusto, de felicidad, y empezaron los planes para vernos en persona.

Todo fluía, todo fantástico, todo embonaba como engranes perfectos, me sentía orgullosa de él, plena, muy feliz, como si por fin había llegado mi anhelada recompensa.

Admiraba mucho a mi hombre, que fuera tan trabajador... sin embargo esa que yo siempre consideré su principal virtud, también es su más grande defecto.

Está inmerso en mucho trabajo, al menos eso dice. Hace meses cuando inició mi problema de salud y me operaron, él estuvo conmigo, pero dada mi crisis mis emociones estaban a flor de piel y a veces mi CODE estaba en su máximo.

Y aunque él dijo que me apoyaría, poco a poco se empezó a alejar. Se empezó a enfriar, las charlas, las llamadas, los mensajes se fueron espaciando cada vez más. Se alejó cuando más lo necesitaba y nuestro plan de vernos en persona... se esfumó.

De nuevo la ansiedad me hizo presa y di muchos tumbos, cometí muchos errores en mi terror a perder a mi hombre perfecto, a mi salvavidas, a mi luz, mi faro...

Creo que justo el temor a perderlo es lo que me está haciendo perderlo. Han pasado los meses, llevamos más de un año y medio de conocernos de forma virtual y no ha venido para vernos en persona.

Sí... es una relación estúpida. Lo sé. 

Es algo que me da mucha vergüeza que a estas alturas de mi vida, cuando soy una "señora de las cuatro décadas" me haya enamorado como tonta quinceañera y ando dando cabezazos y palos de ciego sin saber qué hacer.

No puedo soltarlo, no logro dejarlo ir. No lo supero. Hemos terminado varias veces, pero siempre soy yo quien lo busca. Él no me busca, no me ruega, no me insiste, me voy y me deja ir sin chistar. Hago mis dramas y él se queda ni fu ni fa.

Me deja ir. Regreso y me vuelve a abrir la puerta, me contesta y lo hablamos. Me escucha, me lee, me calma... y todo vuelve a empezar.

No sé como describir esta "relación" es un suplicio, es un tormento esperar, sin saber ni siquiera qué es lo que espero. Nunca lo he visto en mi vida en persona, no lo he tocado,  solo veo fotos, videos, escucho su voz.

Vuelven las promesas, las palabras dulces, el deseo de ambos por una vida juntos, el idealizarnos uno al otro.

Es una historia sin fin.

Mi estado de salud actual me impide viajar a verlo y sus ocupaciones no permiten que sea él quien venga.

Dios sabe que he querido terminar con esta absurda historia mil veces... pero noooooo puedoooooo!!! 

¡Maldita sea! ¡No puedo! Mi voluntad esta mermada. Sigo ganchada de él, es el nuevo objeto de mi dependencia y no puedo soltarlo.

Hace mucho que no voy al grupo de CODE, dejé de ir porque mi "padrino" me empezó a acosar... un día de pronto me dijo que quería tener sexo conmigo y yo salí huyendo, hasta hoy no he vuelto, estoy decepcionada, ¡asqueada!

A veces pienso qué él también está enfermo. No era mi padrino oficial, pero sí una persona que consideraba mi guía, mi ejemplo, pero esa es otra historia.

Hace casi dos meses que no hablaba por teléfono con mi lejano amor, nunca tiene tiempo para mi, cuando no está ocupado en su trabajo está de viaje, o con sus hijos, o jugando futbol, o haciendo negocios.

Siiii ¡esta situación es una tontería! ¡Pero no puedo! Hoy hablé con él, logré que contestara mi llamada y charlamos solo unos minutos. Aquellas conversaciones de horas se acabaron hace mucho tiempo.

Lo que no comprendo es porque si no me quiere... no me deja ir. ¿Será que él también es codependiente? No lo sé. Se supone que yo había encontrado a "mi hombre sano", pero ya no sé si lo es.

Estoy atorada en esta situación. Como un perro caminando en círculos queriendo morderse la cola. Es absurdo y no sé como carajos salir de esto.

Cada que digo que ya ¡¡¡Basta!!! vienen a mi mente las razones por las que lo he esperado tanto y me vuelvo a enamorar, a convencer y me quedo.

No sé cuanto tiempo estaré así. Me siento desesperada, atrapada en la jaula que yo misma me construí.

Hoy la CODE está muy fuerte, estoy enferma física y emocionalmente. Todos los días me repito una y otra vez la oración de la Serenidad pero la mayor parte de las veces ya no le encuentro sentido. Basta con que el hombre me diga "mi alma" y ya puse mi mundo aparte.

Nos hemos estado amando así, a ciegas, a retazos, en partes, a ratitos y no sé si esto es amor, yo confío en él, ¡le he creído todo! No sé si esto es un amor falso, o él es un falso amor.... 

¡Qué miedo! ¡Estoy horrorizada de mi misma! Lo peor es que yo soy mi propio veneno y antídoto.

Solo por hoy no tengo fuerzas para luchar. Hoy estoy llorando como atrapada bajo la lluvia. Aún me falta camino para estar bien de salud, se acerca otra cirugía y debo concentrarme en eso.

No sé qué pasará con este amor a distancia. Este amor virtual que me hizo revivir, sonreír, creer y soñar de nuevo. Por ahora lo entrego a Dios, que se haga su voluntad... y no la mía.

Gracias por leerme.

Soy Paty, codependiente en recuperación.







viernes, 7 de agosto de 2015

Un paso a la vez


"Las mil millas comenzaron con un primer paso". 
Anónimo




De nuevo por aquí, ha pasado ya casi un año desde la última vez que ingresé a este espacio. Mi vida ha ido dando muchos giros, me he tenido que enfrentar a fuertes retos este año.
Hace algunos meses me quedé sin caminar por una vieja lesión a raíz de un accidente y luego de una riesgosa cirugía en mi columna vertebral que casi me cuesta la vida e intensas semanas de rehabilitación hoy puedo decir que camino de nuevo.
Voy paso a paso, despacio, sin prisas. Igual que en mi vida. Sin embargo, esta pausa me ha permitido hacer una introspección dentro de mi. 
Pasar semanas inmovil, literalmente mirando al techo me ayudó a hacer un viaje a mis adentros.
Obviamente al principio fue como caer en un pozo profundo, en un acantilado de noche donde no ves nada de nada, lo único que esperas es sentir el golpe del agua y finalmente ahogarte.
Esas semanas mi panorama era más que negro, sin ninguna expectativa. Dependiendo de todos para todo. Me alimentaban en la boca, usaba pañal, me aseaban en la cama, no me movía por mi misma, una verdadera pesadilla en la que lo único que estaba activo al 100 por ciento era mi cerebro atrapado en un cuerpo débil, frágil, adolorido.
Ver los esfuerzos, sacrificios y angustia de mis padres fue lo que me hizo ponerme de pie de nuevo. 
Me dijeron que tardaría un año en volver al ruedo, sin embargo han pasado 5 meses y ya camino, manejo mi vehículo y estoy regresando a mi trabajo de manera parcial, poco a poco.
El dolor físico que pasé esos meses se unió a un dolor emocional tremendo. La incertidumbre y la derrota, el orgullo herido.
Casualidades de la vida. Justo el día que me operaron llegó al hospital mi ex marido con su radiante y juvenil nueva esposa de 20 añitos, hinchada como un bello globo, lista para dar a luz a su primera hija. Y así fue, mismo hospital, misma sala, solo dos puertas de distancia. Ahí estábamos reunidas, tres mujeres, dos historias: su pasado, su presente y su futuro.  
Situación absolutamente incómoda para la familia suya y mia. Y para mi y no dudo que para él también.
Nunca lo vi, no sabía que estaba ahí, pero una noche oí sus pasos, inconfundibles y muy conocidos. Era de madrugada y lo escuché caminar por el pasillo y detenerse en mi puerta.
Yo pensé que soñaba. Pero él sí estaba ahí. Al día siguiente me enteré. Mi familia no lo dejó acercarse a mi, yo estaba realmente delicada. Solo contemplaron de lejos su felicidad por la llegada de su pequeña y claro... me lo contaron después.
Enterarme que su sueño de ser padre se hizo realidad sin mi... me dolió. Saber que le puso MI nombre unido al que desde que nos conocimos y casamos habíamos elegido para "nuestra hija"... me partió en dos.
No logro comprender hasta ahora si lo hizo por nostalgia, por maldad, a propósito, para lastimarme o nomás porque sí.
Lo que más me confunde es que su joven esposa lo haya permitido. Supongo que ella inocentemente no sabe cómo me llamo yo, su ex mujer y obviamente desconoce que alguna vez "nosotros" visualizamos a "nuestra" nena con ese nombre, pero la mamá era ¡yo! no ella.
En fin. Eso ya pasó y no ha sido más que una raya más al tigre, una piedra más en el camino, otro trago amargo, la cereza del pastel, el punto final.
Después de eso, cuando regresé a casa caí en una profunda depresión. Una tristeza disfrazada en la que no me permití a mi misma llorar ni quejarme. Simplemente dormía horas y horas, me mantenían sedada para evitar que me moviera y más dolor. Y en mis momentos de lucidéz no dejaba que nadie me viera mal, sonreía todo el tiempo y animaba a mis padres, les decía que iba a estar bien y afortunadamente lo estoy logrando.
Ante todos sigo siendo la misma guerrera que no se deja vencer.  La misma mujerzota valiente que ha caído mil veces y siempre se vuelve a levantar. Esta vez lo volví a hacer, pero creo que fue más por orgullo y necedad que por fortaleza.
Pero aquí en mi interior, cuando me quedo sola en mi habitación sigo siendo un animal herido.
Sigo analizando mis tropiezos, padeciendo las consecuencias de mis malas decisiones del pasado, lacerándome psicológicamente por mis errores y tratando de construirme un presente un tanto mejor.
En el futuro ya mejor ni pienso, porque como buena codependiente tiendo a elucubrar y termino imaginando historias fantásticas donde soy infinitamente feliz y plena, pero esa realidad la mera neta nomás no llega, ni siquiera se vislumbra.
En estos dos años he conocido diferentes hombres, he salido con varios, me he dado permiso de intentar pero la verdad de todos no se hace uno.
El problema no son ellos, soy yo. No sé si elevé mis expectativas, si necesito demasiado o simplemente me autosaboteo, la cosa es que termino huyendo en cada intento.
Eso será tema de otro día. Por hoy es suficiente. 
Mi quehacer ahora es solo eso, sostenerme en pie y seguir andando, un paso a la vez, poco a poco sin prisa, pero sin pausa.
Sigo día con día luchando con mi codependencia, mirándonos de frente y dándonos de cachetadas.
A veces creo que soy mi enemiga, pero también mi aliada, mi veneno y mi antídoto. Mi problema y mi solución.
Soy una simple mortal con una vida llena de retos. Ahora me tocó este y pues vamos, adelante... ya qué.
Gracias por volver a leerme.
Paty, codependiente en recuperación.


lunes, 29 de septiembre de 2014

Una boda inesperada...


"Dejar ir" no es lamentar el pasado, sino crecer y vivir para el futuro.  (Louise Ley, terapeuta y Escritora). 


Noche de lunes. Usualmente los lunes procuro dormir temprano. Al ser inicio de semana aún estoy agotada por actividades del sábado y domingo, pero debo estar lista para arrancar mi semana al 100 por ciento el martes ya con una planeación y más fuerza.


El pasado lunes por la tarde, recogí finalmente el Acta certificada de mi Divorcio. El año pasado se realizó todo el proceso y se supone que mi ex marido haría ese trámite, ese fue el acuerdo. Ese día fui por mi copia y me dijeron que el trámite no estaba hecho, por lo que hice el pago correspondiente que fue mucho más de lo que yo pensaba, pero quedó finiquitado el caso. Me declararon civilmente divorciada.

Desde que recibí el acta tuve un amargo sabor en la boca. Aunque hace más de un año que no veo a mi ex marido ni siquiera de lejos, ver ese documento me hizo ver de cara mi realidad. Todo el día tuve una sensación de tristeza, de reflexión sobre lo ganado y lo perdido.

Por la noche, cuando me disponía a dormir temprano como todos los lunes, eran apenas las 21:00 horas. Estaba por apagar mi celular cuando vi que tenía una "solicitud de amistad" en mi red social. Al abrirla era una tal "Lupita", hace semanas que esa persona me enviaba solicitudes y al no identificarla las desechaba.

Sin embargo, esta vez la solicitud venía acompañada de un "inbox" donde se identificaba como ex compañera de trabajo mía y me pedía la aceptara porque quería contarme algo.

Y sí, la curiosidad mató al gato.

Acepté y cuando por fin luego de varias referencias ubiqué a la tal "Lupita", me di cuenta que era la clásica chismosa de la oficina, una mujer con la que mi ex marido y yo trabajamos cuando nos conocimos, fuimos novios y nos casamos.

Ella morbosamente siempre andaba ahí conociendo todo y divulgando, de hecho ella fue quien hizo que nuestro secreto romance fuera conocido por todos luego de meses de llevarlo discretamente porque éramos compañeros de trabajo.

Pues "Lupita" esta vez, me buscó para constatar que nos habíamos divorciado. Le dije que así era y quiso saber detalles. Yo me salí por la tangente y no evité caer en sus cuestionamientos.

Al ver que no diría nada y que estaba empezando a "cortarla" porque me iba a ir a dormir, me dijo: "Ay! amiga... es que fíjate que hace días me invitaron a la boda de una amiga y yo no conocía a su novio y resulta que al llegar, pues... era tu esposo".

Pues sí, resulta que mi ex marido se casó hace un par de semanas.

Hace 15 meses firmamos el divorcio y él ya contrajo nupcias de nuevo. Esta vez con una muchacha de apenas 19 años y que por cierto... está embarazada.

Según "Lupita", se conocieron apenas hace 4 meses y el embarazo se dio de inmediato. La noticia de la boda me cayó pesada... pero lo del bebé, fue un balde de agua fría.

No pude evitar sentir un golpe en la boca del estómago. Sentimientos encontrados vinieron a mi mente, sentí indignación, se me estrujó el corazón. Tener un hijo era nuestro más grande anhelo desde que nos casamos, pero nunca se dio.

Actualmente yo no puedo tener hijos. Hace dos años, meses antes del divorcio, me quitaron mi matriz por un problema de cáncer, poco después de ésto él me abandonó. Saber que él sí será padre me dolió en el alma, me dolió demasiado porque él me hizo mucho daño y todavía Dios lo premia.

Al enterarme me quedé en shock. No lograba asimilar lo que estaba leyendo. No podía respirar. Tuve que salir de la habitación, sentía que necesitaba aire. Hacía mucho frío y salí descalza al patio a tomar aire. 

Vivo con mis padres y sentí una imperiosa necesidad de llorar, de gritar, de salir corriendo. Solo atiné subir la escalera hacia la azotea. Ahí en medio de la noche, con el frío que me calaba hasta los huesos, vi la luna y lloré.

Lloré de rabia... de despecho.

Me volví a enojar con Dios, con la vida, con la humanidad. "Lupita", todavía me hizo el enorme "favor" (sin que yo lo pidiera por supuesto) de enviarme fotografías de la boda, donde ahí un hombre con muchos más kilos de como lo dejé, ya que entonces estaba casi en los huesos perdido totalmente en sus vicios, era todo sonrisas.

Un hombre radiante, pleno, rasurado, aseado, vestido con corbata y abrazando a su flamante noviecita. Una niña de un rancho que no tengo la menor idea dónde la conoció. "Lupita" me envió también capturas de pantalla del Facebook de él donde decía que ella era el amor de su vida, que ella venía a cumplir todos sus sueños y bla bla bla.

Como si yo nunca hubiera existido.

Como si yo no le hubiera dedicado 13 años de mi vida.

Como si yo hubiera muerto.

Fue demasiada información para mi lastimado corazón.

Me quedé ahí tirada, en el techo. Viendo la luna y llorando como tonta, sin saber porqué.
´
Solo sabía que tenía un dolor gigantesco atravesándome el alma. Mi orgullo herido. Saber que será papá, que está tan feliz mientras yo sigo sin levantar cabeza, me hizo caer de nuevo en un pozo profundo.

Yo no sabía qué contestarle a "Lupe", solo fingí que ya estaba enterada y que no necesitaba esa información porque "no me interesaba", que yo estaba ahora enfocada en otras cosas en mi vida, gracias y Bye. (Le di bloqueo de inmediato).

Pero me quedé ahí por horas, llorando mirando al cielo y con el frío que me congelaba las lágrimas.

Finalmente bajé. Casi amanecía y fui a darme una ducha con agua muy caliente. Cuando iba a quitarme la ropa me di cuenta que tenía puesta una de sus camisetas que no tiré. 

Esas playeras con las que inconscientemente me he dormido durante todo este tiempo. Luego de la ducha me arropé y me recosté en mi cama, ahí donde todavía está su almohada.

Esa noche no dormí. Vi que eran casi las 6:00 am y me levanté a arreglarme para ir a trabajar. Mis ojos eran un par de pelotas inflamadísimas que casi no podía abrir, no soporté los pupilentes y tuve que ponerme las gafas que tanto odio.

No tuve ánimos ni de maquillarme ni vestirme bien. Llegué a la oficina y obviamente todo mundo notó mi desaliñada presencia.

Como todos los días nadie me saludó. Esta vez... yo tampoco lo hice.

Sólo pasé como un fantasma en medio de todos. Noté sus miradas pero no me detuve. Escuché un murmullo que alguien dijo que parecía enferma. Me encerré en mi oficina y traté de concentrarme.

El día se me hizo eterno. Quien me veía preguntaba si estaba enferma y cada que lo hacían se me hacía un nudo en la garganta y me daban ganas de llorar. Yo sólo atinaba a decir que tenía gripe para eludir más preguntas.

Al recordar a la nueva esposa de mi ex marido me sentí tan vieja, en una sola noche sentí que envejecí todo lo que no había envejecido en años. Vi frente a frente mis casi 40 años, aunque él tiene casi la misma edad que yo, ahora se veía rejuvenecido y más que feliz.

Enterarme que por fin tiene un trabajo estable, que está haciendo por ella todo lo que no quiso hacer por mi, me llenaba de coraje, dolor, despecho, indignación.

Después de todo lo que yo hice por él y para él. Luego de serle tan leal, tan fiel. De mantenerlo en todos los sentidos durante años. De haberle perdonado su maldita adicción al juego. De que perdiera nuestra casa y que me mintiera una y otra vez.

Luego reflexioné y me di cuenta que a pesar de su nueva imagen, sigue siendo el mismo mentiroso. Simplemente porque se casó, cuando aún nuestro proceso no estaba finiquitado.

No me quise quedar con la duda, y pregunté a un abogado. Al parecer él se casó presentándose como "soltero" y no como divorciado, por eso pudo consumar su unión. Por unos días incurrió en bigamia. 

Sin embargo, al tramitar yo el Acta de Divorcio porque pretendo tramitar mi Visa el caso ya quedó cerrado, aunque no sé qué pasaría si yo denunciara, tal vez su matrimonio no tendría validez y él tendría que volver a casarse.

Recordé también que durante años nunca logré embarazarme y que él se enojaba porque le hacían exámenes para conocer sobre su situación de fertilidad. Cuando él ya se había marchado, una tarde encontré uno de esos exámenes que le hicieron, el más reciente.

Fue cuando yo estaba enferma luchando por conservar mi matriz y que me hicieron tres intervenciones quirúrgicas en cuatro meses. El médico le pidió hacerse esos exámenes para saber si valía la pena o no seguir luchando, y él nunca me los entregó. Me dijo que se le habían perdido y nunca los vimos.

Gané la batalla al cáncer pero perdí mi matriz. Luego vino la separación y finalmente el divorcio. Una tarde encontré por casualidad unos resultados de sus análisis escondidos en una carpeta y revelaban que él tenía problemas y por eso yo nunca me embaracé.

Él no tuvo jamás el valor para decírmelo. Cuando finalmente lo vi en persona, luego de 4 meses de ausencia se lo reproché pero él solo me miraba con los ojos muy abiertos, nunca me dio una explicación y sólo me dejó ir.

Ahora no me explico cómo es que va a ser papá con una chica a la que conoció de manera tan repentina. No sé si él se sometió a algún tratamiento, o si todo esto es una farsa.

Lo único que es real es que ahora él tiene "una familia". La que siempre soñó.

Y yo... sigo sola.

Repentinamente siento que caí como en un espiral adentro de un oscuro pozo. Pasé días muy duros, muchas lágrimas, muchos silencios. El miércoles fui a mi sesión de codependientes y expuse mi caso en el compartir.

Sacarlo, escucharme a mi misma me dio valor. Me hizo sentir mejor escupir mi veneno. Cuando lo compartí no pude evitar llorar de dolor y vi cómo algunos compañeros y compañeras conmovidos lloraron conmigo y me escucharon hasta que logré desahogarme.

Al final de la sesión me llenaron de abrazos y de palabras de ánimo.

Logré sentirme mejor. Al día siguiente ya me arreglé un poco y decidí aceptar que la vida sigue, que ese hombre ya no pertenece a mi mundo y debo dejarlo ir.

No puedo permitir que sentimientos tan dolorosos y negativos me hagan dar pasos atrás en mi recuperación. Hoy más que nunca tengo interés en retomar los 12 Pasos del Programa de Codependientes, retomarlos desde el Paso #1 (Admitimos que nos sentíamos impotentes con los demás y que habíamos perdido el control de nuestras vidas).

Debo fortalecer los Pasos 2 y 3:
#2. Llegamos a la conclusión de que un Poder Superior a nosotros mismos podía devolvernos al sano juicio.
#3. Decidimos poner nuestra voluntad y nuestras vidas en manos de Dios o nuestro Poder Superior, tal como cada uno de nosotros lo concibe.

Y clavarme de lleno en los Pasos 4 y 5:
#4. Hicimos una búsqueda y un minucioso inventario moral de nosotros mismos sin miedo.
#5. Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestros errores.

Tengo que repetirme una y otra vez la Oración de la Serenidad, no faltar a mis sesiones de compartir y seguir adelante con los ojos puestos en mi. Analizando mis sentimientos, no quiero caer más en depresión. 

Tengo que tener voluntad para asimilar ésto y salir adelante... porque nadie lo hará por mi.

Sólo por hoy pondré todo mi esfuerzo en mi y para mi.

Gracias por leer mi historia.

Soy Paty, codependiente en recuperación.





























miércoles, 17 de septiembre de 2014

Camino de espinas


"Como el camino está sembrado de espinas, Dios ha dado al hombre tres dones: La sonrisa, el sueño y la esperanza". 

(Immanuel Kant)


Hace ya algunos meses que no pasaba por aquí, de hecho no sé si ya pasó un año. Han pasado muchas cosas.

Luego de mi divorcio y mis primeros pasos en mi nueva etapa de enfrentar la vida sola, llegaron muchas sorpresas, la mayoría buenas.

Ha pasado por diversos capítulos, sin embargo me he concentrado básicamente en trabajar. Sigo abrazada a mi fórmula de "Mente ocupada = corazón anestesiado". 

Sí, me funcionó unos meses, pero esconder los problemas como si fueran basura debajo de la alfombra no los resuelve... solo los oculta un tiempo, al ser basura ésta se pudre, entonces empieza a molestar de verdad lo que está ahí guardado, carcomiendo el alma.

Hace más de un año que inicié mi rehabilitación en el grupo de Familias Anónimas y me declaré una persona Codependiente en RecuperaciónCon el paso de los meses me sentí fortalecida y quise seguir mi camino sola, sin embargo me di cuenta que aún me hacía falta más refuerzo, aprender más para vivir mejor.

Hace una semana decidí regresar al grupo y estoy retomando mis lecturas y reflexiones, con el firme objetivo de avanzar hacia mi recuperación. Que sé que al igual que las personas con alcoholismo o drogadicción no se va a curar. 

Son heridas que toda la vida estarán ahí. Son daños permanentes que ya no se van a borrar, sin embargo debo aprender a vivir con ellos sin evadirlos.

Luego de perder mi hogar, mi esposo, mi proyecto de vida, la posibilidad de tener hijos, me abracé a lo único que me quedaba, mi trabajo.

Me dediqué en cuerpo y alma a una nueva encomienda que me dieron y me tiré de lleno a mantenerme ocupadísima. No descansaba, trabajaba de sol a sol... de "gallo a grillo", como dicen por ahí, 7 días de la semana, concentrada solo en eso.

De pronto, me llegó un revés. Por una indicación me quitaron el proyecto en el que estaba invirtiendo todo mi tiempo y esfuerzo. Me pasaron a otra área y yo sentí la decisión como injusta, me enojé como hace mucho tiempo no lo hacía. Sentí que me arrebataban algo que era mío, por lo que luché demasiado.

En un principio no lo comprendí, sin embargo ahora empiezo a tomarlo en positivo. Me di cuenta que la nueva encomienda me permite ser de nuevo más dueña de mi, de mi tiempo. He dormido suficiente, he descansado y decidí retomar mi  rehabilitación.

Con tanto trabajo, no supe ni como pero perdí aliados. Antes en mi oficina todo mundo me hablaba bien y me saludaban con el mismo respeto y cariño que yo lo hacía. Sin embargo, no me di cuenta en qué momento se hicieron mis enemigos. 

Ni siquiera alcanzo a entender qué pasó, qué les dijeron de mi, en qué los ofendí, o porqué tanta apatía hacia mi persona. Ahora resulta que hay unas 8 personas en mi trabajo que tienen un total rechazo hacia mi.

Se portan déspotas y groseros conmigo. Me ignoran cuando doy los buenos días, no me dirigen la palabra, ni la mirada, ni el saludo. Como si yo no existiera. Eso duele.

He tratado de averiguar, pero no logro entender. El año pasado luego de mi divorcio surgieron muchos chismes, alguien dijo que mi marido me dejó porque yo lo había engañado con otros hombres, lo que es absolutamente falso.


Alguien empezó un chisme y cuando yo quise hablar con esa persona que supuestamente lo inició se armó un escándalo. Yo solo quería aclarar las cosas, no pelear. Sin embargo esa persona respondió mal, me insultó y me hizo daño.

A raíz de ahí todos fueron cayendo como piezas de dominó. Al principio no me preocupé, pensé que pasaría, sin embargo no fue así. La mala actitud hacia mi se fue haciendo cada vez más fuerte.

Yo no les prestaba atención porque estaba totalmente concentrada en mi trabajo. Sin embargo, ahora que estoy un poco más holgada me doy cuenta de esas reacciones y esa negatividad y rechazo no puedo negar que me afecta, me duele.

Para mi desfortuna estas 8 personas están ubicadas en la entrada de mi oficina, así que al llegar y dar los buenos días recibo un silencio total y malas caras, nadie me contesta ni me sostiene la mirada. 

Cruzar cada mañana ese tramo es como entrar a un camino de espinas. Termina, es breve pero lastima y me deja adolorida todo el día.


Me cuesta mucho ignorar, no prestar atención, pero duele. Sentir ese rechazo irracional me duele. He estado tratando de hacer una revisión personal si le hice daño a alguien, pero no logro encontrar los motivos exactos.

No sé ni en qué ofendí, ni si tendría que ofrecer disculpas. Pero enfrentarme diario a esa mala actitud es muy fuerte. No sé ni siquiera si es envidia, coraje o revancha. Solo sé que es muy duro y duele.

Solo por hoy quiero ser más fuerte que eso. Entender que es imposible caerle bien a todo el mundo. Que muchas veces el éxito o forma de ser puede causarle conflicto a personas que siguen sin destacar, que siguen ahí... sin avanzar, como macetas de corredor.

Hoy quiero concentrarme en mi, retomar la rehabilitación de mi alma. Reiniciar donde me quedé en el 4° Paso del Programa (Sin temor, hicimos un sincero y minucioso examen de nosotros mismos) quiero reencontrarme conmigo y sacar fuerza de donde siempre creo que ya no hay.


ORACION DE LA SERENIDAD

Señor concédeme SERENIDAD,

para aceptar las cosas que no puedo cambiar,

VALOR para cambiar las que si puedo, y

SABIDURIA para distinguir la diferencia.



Gracias por leerme.


Soy Paty, codependiente en recuperación.







miércoles, 4 de diciembre de 2013

Me doy permiso para...



REFLEXIÓN

ME DOY PERMISO PARA...

Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...

No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia hacia mi persona de ningún tipo, sea familiar, laboral o en externo quien la pretenda ejercer sobre mi. Las personas bruscas o violentas quedan totalmente fuera de mi vida. Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para No Obligarme a se "el alma de la fiesta", el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni se la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado. Mi propia existencia, mi Ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a VALORARME. Mi Presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo. No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse. Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente. Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas.

Me doy permiso para dejar que se Desvanezcan los Miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron. El mundo no es sólo Hostilidadn Engaño o Agresión:hay también mucha BELLEZA y ALEGRÍA inexplorada.

Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer. Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer. Voy a explorar sin ANGUSTIA.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto, nadie lo es,y la perfección es oprimente. Me permito rechazar las Ideas que me Inculcaron en la Infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser Perfecto:un hombre sin Fisuras, Rígidamende Irreprochable. Es decir : inhumano.

Asumo plenamente mi Derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi Derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable..

No he nacido para ser víctima de nadie. Me doy permiso para no esperar alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de otros. Me permito no sufrir angustia esperando una llamada telefónica, una palabra amable o un gesto de consideración.

SOY YO QUIEN ME VALORO, ME ACEPTO Y ME APRECIO. NO ESPERO A QUE VENGAN ESAS CONSIDERACIONES DESDE EL EXTERIOR.

No espero nada de afuera. Empiezo por reconocer mis valores, el resto vendrá solo. Me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.

Prefiero las relaciones menos densas. Me permito vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego. No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.

Elijo lo que da salud y vitalidad. Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico.

No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; Si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.

Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo "normal" y lo "anormal" en mis estados emocionales los ESTABLEZCO YO.

JOAQUÍN  ARGENTE

lunes, 2 de diciembre de 2013

El desapego funciona



La felicidad es como una mariposa; si la persigues siempre está fuera de tu alcance; pero si te sientas y la esperas se posará sobre tí.

(Anónimo)

Lectura de Codependientes en recuperación

Desapego

Un día, mi hijo trajo a casa a vivir con nosotros a un hámster. Lo pusimos en una jaula. Poco tiempo después, el hámster escapó. 

Durante los siguientes seis meses, el animal corría asustado y salvaje por toda la casa. Y lo mismo nosotros para atraparlo.

“Ahí está. ¡Agárralo!”, gritábamos cada vez que alguien veía al hámster. Mi hijo o yo dejábamos lo que estuviéramos haciendo, corríamos por toda la casa y nos lanzábamos sobre el animal con la esperanza de atraparlo.

Me preocupaba por él, aunque no lo viéramos. “Esto no esta bien”, pensaba.“No puedo tener a un hámster corriendo suelto por la casa. Tenemos que atraparlo. Tenemos que hacer algo”.

Un pequeño animal del tamaño de un ratón tenía en agitación a todo mundo. Un día, mientras estaba sentada en la sala, vi al animal correr por el pasillo. En estado de frenesí, empecé a abalanzarme sobre él, como generalmente lo hacía, y luego me detuve.

Me dije: Estoy harta. Si ese animal quiere vivir en los rincones y escondrijos de esta casa, voy a dejar que lo haga. Estoy harta de preocuparme por él. Estoy harta de perseguirlo. Esta es una circunstancia irregular, pero así es justamente como tendrá que ser.

Dejé que el hámster corriera sin que yo reaccionara. Me sentía un poquito incómoda con mi nueva reacción -no reaccionar-, pero me ceñí a ella de todas maneras.

Me sentí más a gusto con mi nueva reacción, no reaccionar. Al poco tiempo, estaba perfectamente en paz con la situación. Había dejado de pelear con el pequeño correlón. 

Una tarde, unas cuantas semanas después de que empecé a practicar mi nueva actitud, el hámster corrió cerca de mí, como lo había hecho tantas veces y apenas lo mire. El animal se paró en seco, volteó y me miró confundido. Empecé a abalanzarme sobre él... por supuesto empezó a correr. Me relajé. “Muy bien”, dije: “Haz lo que quieras”. Y lo decía en serio.

Una hora después, el hámster vino solito, se paró junto a mí y esperó. Gentilmente lo levanté y lo coloqué en su jaula, donde ha vivido feliz desde entonces. ¿La moraleja de la historia? No te abalances sobre el hámster. El ya está asustado y tratar de atraparlo lo único que logra es asustarlo más y te volverá loco.

El desapego funciona.

Hoy me sentiré a gusto con mi nueva reacción de no reaccionar. Me sentiré en paz.

Paty CODE.